La importancia de las trazas.
Uso de oligoelementos para combatir el estrés oxidativo
Los oligoelementos son importantes para la cría de animales sanos. Se ha demostrado que son fundamentales para un crecimiento y un rendimiento óptimos. Las cantidades diarias necesarias se miden en miligramos o incluso unidades menores, pero son esenciales para mantener la vida, combatir las enfermedades y favorecer el crecimiento, el desarrollo y la reproducción sana de los animales. El zinc (Zn), por ejemplo, es necesario para la inmunidad, la reproducción, la integridad de la piel y las pezuñas, el desarrollo muscular, la producción de leche y la calidad de la cáscara de los huevos. El manganeso (Mn) contribuye a la formación de huesos y cartílagos, a la función inmunitaria, a la reproducción y a la gluconeogénesis. El cobre (Cu) es fundamental para la formación de pigmentos de melanina, la producción de energía, la absorción del hierro y la función metabólica. El hierro (Fe) tiene distintas funciones: es necesario para la respiración de oxígeno y celular, la producción de energía y la función inmunitaria. Cuando un animal tiene el equilibrio adecuado de oligoelementos, está en mejor situación de afrontar los efectos difíciles del estrés. Estos oligoelementos tienen otra función fundamental: formar parte del sistema de protección contra los radicales libres.
Radicales libres: normales y necesarios
Los radicales libres son moléculas con uno o más electrones desapareados. Los que contienen oxígeno se denominan específicamente especies reactivas de oxígeno, siendo la más común el superóxido, pero existen otras. Los electrones desapareados de los radicales libres los hacen inestables y muy reactivos. Los radicales libres se crean a través de procesos metabólicos normales y una pequeña parte de la generación de radicales libres forma parte de la fisiología celular normal. Los radicales libres se forman incluso durante la generación de la energía necesaria para las funciones biológicas. El entorno también puede aumentar o acelerar la producción de radicales libres: la exposición excesiva a la luz solar, los metales pesados y las toxinas pueden incrementar el número de radicales libres en el organismo.
Pero los radicales libres también son necesarios para muchas otras funciones. Una de las funciones del sistema inmunitario consiste en utilizar los efectos dañinos para las células de los radicales libres para eliminar agentes patógenos. La glándula tiroides sintetiza su propio radical libre, el peróxido de hidrógeno, para producir la hormona tiroidea. Los radicales libres que contienen nitrógeno interactúan con las proteínas de las células para producir moléculas de señalización. El radical libre óxido nítrico ayuda a dilatar los vasos sanguíneos y actúa como mensajero químico en el cerebro. Sin embargo, la misma reactividad que permite la señalización y la destrucción de patógenos, también supone una amenaza para el ADN, el ARN, las proteínas y los ácidos grasos.
Los mismos radicales libres pueden provocar reacciones en cadena perjudiciales al reaccionar con un ácido graso cercano y robarles uno de sus electrones. Este ácido graso se convierte en un radical libre, que reacciona con un segundo ácido graso. A medida que continúa esta reacción en cadena, la permeabilidad y la fluidez de las membranas celulares cambian, la actividad de las proteínas de las membranas celulares disminuye y las proteínas receptoras sufren cambios en su estructura que alteran o detienen su función. Así son las «dos caras» de los radicales libres, que sirven como moléculas de señalización y regulación a niveles fisiológicos, pero también actúan como oxidantes altamente nocivos y citotóxicos a niveles patológicos.
Estrés oxidativo: demasiado de algo bueno
Cuando el número de radicales libres supera la capacidad del organismo para eliminarlos o neutralizarlos, se produce un desequilibrio: los niveles excesivos de radicales libres pueden causar efectos perjudiciales. Los daños inducidos por los radicales libres, cuando no se reparan, destruyen lípidos, proteínas, ARN y ADN, y pueden contribuir a la aparición de enfermedades y a la reducción de la productividad. El estrés oxidativo se refiere a un desequilibrio en cualquier célula, tejido u órgano entre el número de radicales libres y las capacidades de los sistemas de desintoxicación y reparación. Además, como algunas especies oxidativas reactivas actúan como mensajeros celulares, el estrés oxidativo puede causar alteraciones en los mecanismos normales de señalización celular figura 1).
Nuestros animales de granja están expuestos a numerosas fuentes de estrés oxidativo. Pueden ser el calor (estrés térmico), la gestación y la lactancia, y las infecciones (como la mastitis). Los factores de estrés psicológico —realojamiento y mezcla de grupos, transporte, condiciones de alimentación— también son fuentes de estrés oxidativo. El daño oxidativo persistente solo se produce en condiciones de estrés oxidativo, cuando los sistemas de desintoxicación y reparación son insuficientes.
La defensa contra los radicales libres
Se han desarrollado dos grandes sistemas de defensa para minimizar el impacto de los radicales libres: los sistemas antioxidantes enzimáticos y no enzimáticos. Los antioxidantes son moléculas capaces de bloquear la reacción de los radicales libres con otras moléculas y pueden funcionar tanto dentro como fuera de la célula. Entre los antioxidantes no enzimáticos importantes se encuentran las vitaminas C y E, así como los fitoquímicos. Los sistemas antioxidantes enzimáticos se encargan de proteger las células de los daños provocados por los radicales libres e incluyen la superóxido dismutasa (SOD), la glutatión peroxidasa (GHS-Px) y la catalasa. Estas enzimas antioxidantes desempeñan un papel importante en la primera línea de defensa contra los radicales libres (figura 2).
La importancia de los oligoelementos
El papel de los minerales en las funciones enzimáticas se ha estudiado ampliamente. Algunos miembros del sistema antioxidante enzimático —como la SOD, la catalasa y la GHS-Px— contienen oligoelementos como Cu, Zn, Mn y Fe y son indispensables para las actividades de antioxidantes como Cu-Zn SOD y Mn-SOD. Estas SOD catalizan la conversión de los radicales libres superóxido en peróxido de hidrógeno y oxígeno en el citoplasma (Cu-Zn SOD) y en la mitocondria (Mn-SOD). El zinc también induce la síntesis de metalotioneína, una proteína aglutinante de metales que puede eliminar los radicales de hidróxido.
Una de las enzimas más importantes para proteger frente al daño oxidativo de los radicales libres es la catalasa. Esta enzima contiene cuatro grupos hemo que contienen Fe y permiten la reacción con el peróxido de hidrógeno para formar agua y oxígeno. Por lo tanto, las deficiencias dietéticas de Cu, Zn, Mn y Fe disminuyen considerablemente las actividades antioxidantes enzimáticas y provocan daño oxidativo y disfunción mitocondrial. Por tanto, una forma efectiva de equilibrar el daño oxidativo y la defensa antioxidante en los animales es optimizar la ingesta dietética de oligoelementos.
Oligoelementos ligados orgánicamente
La importancia de los oligoelementos para los animales está demostrada y , a menudo se suministran en forma inorgánica, como sulfatos u óxidos. Esto hace que sean fáciles de producir y baratos de administrar, pero estas cualidades también presentan desventajas. Los oligoelementos inorgánicos —especialmente los sulfatos— se disocian fácilmente en el tracto gastrointestinal superior. Los iones metálicos libres liberados pueden formar complejos insolubles con otros componentes de la dieta o competir por los mecanismos de transporte en la pared intestinal. Como resultado, los oligoelementos se suelen añadir a las dietas en concentraciones muy superiores a las que realmente necesita el animal. Esto da lugar a una elevada cantidad de oligoelementos no absorbidos que se excretan en las heces y que pueden llegar a contaminar el medio ambiente. En consecuencia, estas concentraciones extremadamente elevadas han dejado de estar permitidas en los piensos de algunas regiones, como la UE.
En cambio, los oligoelementos ligados orgánicamente —que suelen denominarse quelatos— son oligoelementos ligados, por ejemplo, a un solo aminoácido o a un pequeño péptido de proteína de soja hidrolizada. Los quelatos tienen una mayor fuerza de unión y, por lo tanto, están mejor protegidos contra los efectos antagonistas en el intestino. De este modo, los oligoelementos se absorben y metabolizan mejor, lo que repercute directamente en la salud, el bienestar y la productividad de los animales. E.C.O.Trace® es una gama de oligoelementos ligados orgánicamente al aminoácido glicina y que ofrecen numerosas ventajas frente a los oligoelementos inorgánicos. Los glicinatos E.C.O.Trace® se han utilizado con éxito en la alimentación de animales de alto rendimiento durante más de 15 años y la absorción superior de los minerales E.C.O.Trace® sobre los sulfatos inorgánicos ha sido demostrada en estudios científicos. Tenemos una amplia experiencia en oligoelementos ligados orgánicamente. Póngase en contacto con nosotros para conocer los beneficios de los glicinatos E.C.O.Trace® para sus animales y su negocio.
Los oligoelementos solo pueden tener un valor nutritivo para los animales cuando se absorben a través de la pared intestinal. No solo basta con disponer de la cantidad correcta de oligoelementos, sino que también es muy importante la fuente de los mismos. Esto es especialmente importante en el entorno actual de producción animal, donde la presión para criar animales sanos generando menos residuos es cada vez mayor.











